sábado, 2 de septiembre de 2023

Sabiduría en el liderazgo: La cohesión entre reflexión y acción (Gestión 21/9/2023)

 Sabiduría en el liderazgo: La cohesión entre reflexión y acción

 

La evolución empresarial nos ha mostrado que no solo se trata de estrategias y resultados financieros, sino del calibre y profundidad del liderazgo. En este contexto, emerge la esencia de la sabiduría como un recurso invaluable para líderes que buscan ser auténticos, coherentes y reflexivos. En palabras del filósofo Sócrates, "No se puede enseñar nada a una persona; solo se puede ayudarle a encontrar la respuesta por sí misma".

En la vorágine de la era digital, donde la sobrecarga informativa se ha convertido en una constante, destilar sabiduría se convierte en un arte. Las múltiples distracciones tecnológicas, si bien pueden ser herramientas valiosas, también pueden obstruir conexiones genuinas y conversaciones que realmente importan.

Sorprendentemente, no es la educación formal la que siempre engendra sabiduría. Como señala el profesor Charles Gragg, no basta con escuchar consejos sabios; se necesita una profunda reflexión y discernimiento. En este mismo tenor, Chip Conley, un firme defensor de la "sabiduría intergeneracional", sugiere que la sabiduría no se imparte, sino que se comparte.

No obstante, surge la pregunta: ¿Qué caracteriza realmente a un individuo sabio? Es un error común asimilar sabiduría con inteligencia. Mientras que la inteligencia se relaciona con la capacidad cognitiva y el procesamiento rápido de información, la sabiduría trasciende, enfocándose en la interpretación profunda de los eventos y reconociendo la finitud de nuestro conocimiento. Es la comprensión profunda que se obtiene a través de la reflexión sobre el conocimiento y la experiencia acumulada; va más allá de acumular datos, y se centra en cómo, cuándo y por qué utilizarlos, permitiendo decisiones éticas, prudentes y efectivas.

El conocimiento se centra en hechos y datos.  La experiencia, en el aprendizaje y en el desarrollo. La sabiduría, en cambio, implica una mejor comprensión de cómo y cuándo ayudar a ejecutarlos en forma individual y colectiva para guiar equipos.  Significa también la capacidad de tomar decisiones prudentes y éticas. Permite que se utilice el talento y la experiencia de una manera más efectiva y significativa.

¿Por qué es relevante esta comparación? El valor de la sabiduría adquiere especial relevancia cuando observamos el cambio demográfico global. Un crecimiento exponencial en la población de más de 50 años sugiere un tesoro de experiencias y conocimientos que, si se canalizan adecuadamente, podrían convertirse en un recurso económico inigualable. Proyecciones de la ONU marcan la tendencia global hacia el envejecimiento: un aumento significativo en la población mayor de 55 años en América Latina y el Caribe alcanzará en 2030 los 115 millones, lo que representará el 16,5% de la población total.

En Perú, según un estudio del INEI (EPEN, 2022), casi la mitad de la población empleada oscila entre los 25 y 44 años. Sin embargo, un creciente 35,9% supera los 45 años, mostrando un cambio en la estructura demográfica. Ante este escenario, Joseph Chamie, destacado investigador de la ONU, enfatiza la necesidad de reimaginar cómo las organizaciones y empresas pueden maximizar el potencial de los trabajadores mayores, de distintas maneras.

La verdadera sabiduría va más allá de meramente poseer y procesar información. Se manifiesta en líderes que encarnan autenticidad, coherencia y acción deliberada. Estos líderes viven alineados con sus valores y creencias, y como afirmó Gandhi, encuentran felicidad en la armonía entre pensamiento, palabras y acciones.

La sabiduría es un atributo esencial para los líderes que desean navegar por la complejidad de los desafíos contemporáneos. La convergencia entre la juventud y la experiencia, en un equilibrio poderoso pero delicado, está remodelando la manera en que se abordan la innovación y el progreso. Este tipo de intercambio entre generaciones es fundamental para mantener una conexión con el pasado, comprender el presente y prepararse para el futuro. Además, fortalece los lazos comunitarios y fomenta el respeto y la valoración mutua entre generaciones

Ante una sociedad en constante cambio, con un aumento progresivo de personas mayores que atesoran experiencias y conocimientos, ¿estamos realmente preparados para valorar y aprovechar la auténtica sabiduría en nuestras decisiones empresariales?




miércoles, 10 de agosto de 2022

miércoles, 9 de marzo de 2022

Liderazgo empresarial y Capitalismo Consciente: el desafío para las nuevas generaciones


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Revista Stakeholders, marzo 2022


En tiempos de incertidumbre y de crisis en todos los ámbitos (sociales, políticos, económicos, institucionales, medio ambientales) resulta imprescindible que, la sociedad, los jóvenes y la academia recuperen la confianza en las empresas y que, los componentes fundamentales de una economía social del mercado como la apertura comercial, la inversión y el empleo sean las llaves para reducir la pobreza, elevar los ingresos y mejorar la calidad de vida de todos los peruanos. 

El Capitalismo Consciente, a través de sus cuatro principios, es el llamado a ocupar este necesario espacio para poder cambiar paradigmas en la forma de entender los negocios, para convertirse en el medio para servir, resolver problemas y necesidades, incluir a todos los grupos de interés, generando valor para todos ellos, con un propósito elevado.

 Y es que todo líder resulta imprescindible para transformar la realidad de las organizaciones, y no cabe duda de que su calidad impacta en el desempeño de nuestras instituciones. Un líder consciente contribuye de diferentes maneras, desde las más pequeñas hasta las evidentemente significativas a hacer del mundo un mejor lugar para vivir. Recordemos además que todo líder empresarial, ante todo, es un ciudadano. El liderazgo consciente es probablemente el elemento más importante en la filosofía del capitalismo consciente. Sin este, la mejor iniciativa empresarial puede verse destruida irremediablemente. El líder debe estar al servicio del equipo y no el equipo al servicio del líder. 

La cultura es una fuerza invisible pero poderosa; es en esencia la amalgama de la sociedad. Las culturas conscientes se adhieren a un propósito elevado en busca de armonía entre los diferentes stakeholders. Una cultura fuerte se traduce en el motor que sostiene su ventaja competitiva incluso en tiempos de incertidumbre y adversidad. Una cultura debe estar orientada a las personas y a los valores colaborativos frente a los competitivos. Entre los principales atributos que caracterizan a una cultura consciente están la confianza, la transparencia, la integridad y la responsabilidad. 

Trabajar con un fin en la mente, un propósito, hace la diferencia en el día a día y a largo plazo. Las empresas que han subsistido y trascendido no lo han hecho solamente en mérito a sus indicadores de desempeño o rentabilidad, divorciados de su contribución a la sociedad en la que operan. Muy por el contrario, y como los principios del capitalismo consciente formulan, estas instituciones han logrado converger sus objetivos de negocio con otros que persiguen altos ideales y que encajan con varios grupos de interés. Las utilidades deben ser el principal medio para alcanzar el objetivo organizacional.

¿Cómo puede contribuir la academia con estos cuatro principios? No existe una única respuesta, pero podemos formular tres rutas, iniciales, que consideramos prioritarias en la formación de nuestros alumnos. Primero, el énfasis en las herramientas para la toma de decisiones y la formación en habilidades blandas; aquellas que hacen la diferencia cuando se trata de las disyuntivas que trascienden las fronteras entre el negocio y la sostenibilidad o la vida. 

Segundo, una formación humanista orientada a cultivar y desarrollar en los futuros profesionales este modo de conducirse en su interacción con otros agentes de nuestra sociedad. Y tercero, los alumnos deben estudiar no solamente para convertirse en hombres y mujeres de bien y llevar a cabo las funciones que las empresas donde laboran les asignen; lo deben hacer también porque tienen un objetivo ulterior: transformar las organizaciones, haciendo de los resultados de gestión vehículos para el desarrollo sostenible de nuestro país y del mundo.

jueves, 27 de agosto de 2020

La forma de hacer negocios ha cambiado



Jean Piaget, en su teoría constructivista, desafió a la educación con una meta muy clara: “crear hombres capaces de hacer cosas nuevas, no simplemente de repetir lo que otras generaciones han hecho”.  De esta manera, el compromiso de nuestros docentes con la excelencia académica no se orienta solo a lograr los más altos estándares de calidad, sino, tal vez más importante, a consolidar una cultura de mejora continua y de constante innovación para formar a los líderes del futuro; a aquellos que serán responsables de resolver problemas complejos y tomar decisiones trascendentes que logren generar un cambio positivo, necesario y sostenible, con una visión global.

Mientras continúa la incertidumbre y el dolor causados por una emergencia sanitaria mundial, nos enfrentamos probablemente al mayor golpe económico que el mundo ha experimentado en décadas, el cual está provocando un colapso de la actividad global, que, sin embargo, como toda crisis, representa también oportunidades que no podemos dejar pasar.

Klaus Schwab, presidente del World Economic Forum, lo anticipó en la presentación de su libro The Great Reset: “El coronavirus marca un punto de inflexión fundamental en nuestra trayectoria global. La pandemia representa una rara pero estrecha ventana de oportunidad para reflexionar, reimaginar y reiniciar nuestro mundo”.  El libro plantea la necesidad de reinventar un orden mundial post-COVID más equitativo, con igualdad de oportunidades, con menos contaminación, con sistemas adecuados de salud, con el abastecimiento de servicios básicos para los que más los necesitan y con funcionarios públicos, empresarios, maestros, alumnos y ciudadanos en general, nos aboquemos a servir, a lograr las metas económicas indispensables para generar riqueza, pero de la mano con políticas y proyectos que eleven la calidad de vida de todos, sobre todo, de los menos favorecidos por el sistema.

Las empresas y organizaciones como generadoras de riqueza son el motor del crecimiento y del desarrollo sostenible de cualquier país.  Pero, además, cumplen un rol social y forman parte de un sistema en el que actúan como agentes de cambio, porque responden a las necesidades económicas y sociales de poblaciones no atendidas por una gestión pública y una sociedad civil, muchas veces, inoperante e indolente. En este sentido, estoy convencido de que esta pandemia puede precipitar el comienzo de una era que consolide al emprendimiento como un protagonista activo de un nuevo contrato social que integre a gobiernos, empresas y ciudadanos para atravesar la crisis y reconstruir las sociedades en base a la confianza como elemento central.

La UPC ya se había anticipado a este proceso de reflexión empresarial que buscaba recuperar la confianza en los negocios, en los mercados y en el capitalismo como el mejor modelo de generación de bienestar.  El ocho de noviembre de 2019, en conjunto con sus Industry Partners, como Scotiabank, Backus, BVL, Innova Schools y Electrosur Este, entre otros, invitó al profesor de Babson Raj Sisodia, uno de los fundadores del movimiento “Capitalismo Consciente”, como expositor principal de una conferencia sobre negocios globales, en la cual participaron líderes empresariales, docentes y alumnos.

Sisodia fue reconocido como profesor visitante de nuestra facultad y, de esta manera, iniciamos un trabajo de cooperación que reforzó contenidos de nuestros cursos, menciones, publicaciones y tesis, incorporando el sentido de propósito, el liderazgo, el valor compartido y la cultura empresarial basada en la integridad, la confianza y la colaboración, a los fundamentos del capitalismo.  Asimismo, nos compartió evidencias sobre empresas con propósito, que se preocupan genuinamente por sus empleados, clientes, proveedores, que respetan el medio ambiente y las comunidades, y que logran mostrar resultados asombrosamente superiores. Una constante es que cuando estas empresas integran las necesidades de sus trabajadores, proveedores, clientes, comunidad, gobierno y el ecosistema en sus modelos de negocio, también están asegurando las bases de su propia sostenibilidad.

La forma de hacer negocios está cambiando, pues debemos reconocer que no existe contradicción entre resolver las necesidades humanas y ganar dinero. El desafío consiste en formar y preparar a nuestro talento en conocimientos, competencias, pero, fundamentalmente, en la actitud para administrar desde sus propias capacidades y especializaciones, una economía más inclusiva, y eso incluye poder hacerlo en empresas multinacionales, en empresas familiares, en emprendimientos, en proyectos, en instituciones, desde el sector público y desde la sociedad civil.  Nuestros egresados se enfrentarán con la definición de una estrategia a nivel de negocio ante las nuevas formas de trabajar, con el impulso de una nueva relación de las marcas con los consumidores, con el predominio de los canales digitales y, sobre todo, en un entorno “VUCA”, acrónimo inglés que refleja la volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, que requiere que todos los actores se adapten, trabajen en equipo y diseñen soluciones innovadoras.

El COVID-19 ha redefinido también, por ejemplo, el consumo. Las personas viven de forma diferente, compran de forma diferente y, en muchos sentidos, piensan de forma diferente. Los hábitos que se están formando posiblemente perdurarán más allá de esta crisis, cambiando permanentemente lo que valoramos; cómo y dónde compramos; cómo vivimos y trabajamos y hasta cómo nos relacionaremos como individuos.

Nuestra propuesta de valor para los programas de pregrado tradicional y EPE seguirá consolidando su liderazgo como primera opción para los postulantes, como mejor sueldo para los egresados, como la mejor oferta de internacionalidad para nuestros alumnos.  Pero, también incluirá una administración atractiva y retadora que signifique una ventaja competitiva para los líderes del futuro, aquellos que busquen evolucionar e innovar en los mercados, que reconozcan los impactos sociales de sus decisiones comerciales y que defiendan la importancia de la democracia, del libre mercado y de las instituciones frente a los riesgos existenciales planteados por el populismo económico.  Es decir, una administración para un liderazgo sostenible en los negocios.

La forma de hacer negocios ha cambiado… ¡Apréndela en la UPC!

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