El Comercio. Sección Economía. 27 de Febrero del 2013.
LA “INTELIGENCIA COLECTIVA”, primera parte.
“No hay producto aburrido, posiblemente hay un marketero aburrido o una empresa que no
fomenta la innovación”, nos dice Gabriel, joven gerente de marketing y negocios
de una multinacional, quien destaca la necesidad
de reinventarse, salir de la zona de confort, pensar fuera de la caja para
estimular ideas y expandir el conocimiento.
En un escenario cada vez más competitivo, pero también con magníficas
oportunidades, es imprescindible que demos un paso en la gestión del
aprendizaje y de la “inteligencia colectiva” dentro de nuestras
organizaciones.
Steve Denning, autor de destacadas publicaciones sobre
liderazgo e innovación, sostiene que la educación superior sigue aplicando el
modelo tradicional de la “fábrica” (organización, eficiencias, escalabilidad)
dejando de lado el desarrollo de la capacidad de aprendizaje que se requiere actualmente.
Denning concluye que tener gerentes enfocados en ahorros y eficiencias antes
que en crear valor para sus clientes, resulta muchas veces inefectivo.
Para lograr un desempeño laboral satisfactorio, los
colaboradores deben desarrollar un conjunto de habilidades y conocimientos,
denominamos “competencias”. Éstas se basan en aspectos cognitivos (el saber
asociado al "conocer"), procedimentales (al "hacer o
construir") y en aspectos interpersonales o sociales (al "actuar").
Las competencias, bien definidas, facilitan la adaptación y
buena disposición del trabajador ante los retos de la organización y generan, como
acción colectiva, un óptimo desempeño empresarial. Gabriel nos comenta con
humildad que su éxito se debía a su auto-motivación para mantenerse al tope de
su rendimiento, a su constante iniciativa para proponer y a su flexibilidad
para adaptarse a un entorno cambiante y complejo.
A estas competencias vinculadas al “actuar” se les denomina “soft” o “blandas” y son cada vez más
relevantes porque facilitan la capacidad de relacionarse a distintos niveles de
la organización, promueven el interés por el desarrollo de las personas, la
resolución de conflictos, las habilidades asociadas al liderazgo y la
exposición de ideas, actitudes positivas y proactivas, autonomía, capacidad
negociadora, manejo comunicacional, entre otros.
El desarrollo acelerado de las TIC´s ha potenciado el trabajo
en equipo, fortaleciendo la “inteligencia colectiva” como ventaja competitiva
de la organización. Sin embargo, esta tarea de desarrollar las competencias
requeridas debe contar con el compromiso, no sólo del individuo o grupo
involucrado, sino de los directivos que lideran la organización.
La visión de la organización debe incluir conceptos orientados
al aprendizaje y a la innovación, estableciendo programas efectivos que
respalden estos objetivos, que brinden un marco transparente para motivar a los
participantes, midiendo el desempeño de los mismos.
“En mi empresa, tenemos un programa de desarrollo
organizacional, de gestión de talento, que impulsa una alta capacidad de
innovación a través de la cooperación y el aprendizaje para generar productos y
servicios que superen las expectativas de los clientes”, concluía Gabriel.
La innovación y la productividad en las organizaciones
dependen cada vez más de la “inteligencia colectiva” de sus trabajadores, de
las relaciones entre los equipos de trabajo y entre los individuos y la
organización. Dependen también de la
capacidad de los colaboradores para quebrar la tensión emocional de permanecer
en la “zona de confort” y generar la tensión creativa para poder abrirse al aprendizaje,
asumiendo mayores retos y superando los objetivos.
En este nuevo entorno donde el conocimiento se está
convirtiendo en el mayor generador de riqueza y en el factor más importante en
las ecuaciones de producción de las empresas, tal vez tengamos que preguntarnos:
¿cuántos ejecutivos con el perfil de Gabriel estamos reclutando y desarrollando?
