¿Espíritu emprendedor sin
innovación?
Si
bien el espíritu emprendedor se evidencia con la identificación de una
oportunidad de negocio, el éxito se alcanza con la ejecución de una idea
innovadora, diferenciada y sostenible, a través de un aprendizaje continuo, basado
en aciertos y errores de la mano del perfil de personalidad, variables innatas
y sociales, del emprendedor.
Romina,
exitosa empresaria y docente universitaria, percibe que en nuestro país este
aprendizaje es más lento pues el emprendimiento no se asocia a la generación de
valor agregado a través de la innovación. Por el contrario, Romina considera
que en nuestro país todavía no se consolida una cultura sincera de aplaudir el
éxito y tampoco de compartir información, de colaborar para generar sinergias,
de aprender a disminuir riesgos y ganar economías de escala, que fueron
decisivas en el exitoso modelo de innovación y desarrollo de “startups”
en Silicon Valley.
Steve
Blank, profesor de la Universidad de Stanford, señala algunas características
que debe exhibir un emprendedor en la ejecución. Las primeras se refieren a la capacidad
para generar “insights” o “corazonadas” sobre los mercados, descubrir la
oportunidad de negocio y preparar a la compañía para dar el salto inicial hacia
la captura de clientes.
Otras se refieren a la
pasión y a la “vocación artística del emprendedor” pues la sinergia entre ambas desarrolla esa
sensibilidad que permite percibir oportunidades que otros no ven y convertirlas
en realidad a través de un trabajo casi sobrehumano, asumiendo riesgos poco
entendibles para la mayoría de la población.
Luis Arbulú,
emprendedor peruano, CEO del fondo de inversiones en tecnología Hattery, quien fue
recientemente premiado como uno de los 199 jóvenes líderes mundiales por el
Foro Económico Mundial, confirma lo anterior y comenta que la clave está en no
pensar las cosas demasiado: “un emprendedor no ve con profundidad los pros y
contras, sólo se tira a la piscina”.
Luis refuerza el concepto que el emprendimiento es 99% transpiración y
un 1% de inspiración, donde el fracaso es no intentarlo de nuevo.
En las escuelas de
negocios se debate actualmente si la formación de un estudiante debe dirigirse
hacia el emprendimiento, el liderazgo empresarial o la generación de
administradores con competencias gerenciales. Para Steve Blank la ejecución en
un startup no es la de un
administrador que lleva a cabo un plan predefinido para un producto y un cliente
claramente identificados, sino una “combinación de arte con ciencia”.
Estos tres tipos de
perfiles, sin embargo, deberían coincidir en la utilización del pensamiento
estratégico, la comunicación eficaz, la movilización e inspiración de equipos,
la rápida toma de decisiones, el pensamiento crítico y la ejecución de acciones
que generen un cambio significativo en sus organizaciones y en la sociedad.
Según una reciente
encuesta del BID, en el sector manufacturero peruano son muchas las empresas
que afirman realizar innovación, pero sólo destinan el 0.1% de sus ventas hacia
estas actividades, casi 12 veces menos que las empresas chilenas y 50 veces
menos que sus pares alemanes. Asimismo, en un estudio reciente de Endeavor se encontró que sólo el 9% de
la PEA emprende negocios, y que sólo el 4% (0.36% de la población total)
resultan en empresas de alto impacto, con crecimientos anuales superiores al
20%. Es decir que sólo tres de cada mil personas son emprendedores de alto
impacto.
Debería ser una
prioridad nacional promover e identificar ese espíritu emprendedor y
desarrollarlo en forma sostenible asociándolo directamente con la generación de
valor a través de una verdadera cultura de innovación. No podemos tener un
espíritu emprendedor si no innovamos, porque entonces solo estaremos repitiendo
lo que otros hacen. Es imprescindible la participación colaborativa, conjunta y
abierta de universidades, empresas y el Estado. Nuestro futuro económico podría
depender de esto.
